Ahora que me dejas,

después de esta llamada abrasadora

te imagino feliz y sonriendo

ya lejana de esta carga cegadora.

 

Caminar,

dando cara al viento,

por caminos elegidos.

 

Avanzando,

en busca de utopías

para hacer que no lo sean.

 

Adelante,

con el corazón abierto

como única coraza.

 

Levantarse,

tras las mil caídas

que seguro llegarán.

 

Sonriendo,

Intentando desechar esta tristeza,

que siempre me acompaña.

 

Con las manos abiertas

y el gesto de victoria

atacando al conformismo

que atenaza los espíritus.

 

 

Un solo momento,

tras la lejana voz

que separa la conciencia.

 

Miles de luces se clavan en mis ojos,

pedazos de cristales

rasgándome las venas.

 

Justo al expirar,

agarrándome a la vida,

surge un último deseo

y ya fuera del cuerpo

poder gritar al aire

liberado de materia.