Cuando el sol se clava fuerte

en este Angelus azul de mayo,

cuando los recuerdos arrinconan la distancia

cerca de esa fuente donde nadie se refresca.

 

Por ahí baja el pensamiento que se fragua

por los pechos rotundos de la mujer enamorada.

Por ahí mis añoranzas y mis penas

por los dulces muslos de la mujer que ya se aleja.

Por ahí los cuadros que mis torpes manos dibujan

por la suave compañía de quién ya no me acompaña.

Por ahí se escapa el fresco néctar de mi sabia

por la grietas de la indiferencia en mi cuerpo desgarran.

Por la rosa roja, por el aire de distancia

por los azules ojos, por el cuerpo de piel blanca

por las prisiones del alma, por los hijos del mañana

por el atardecer que me separa de tu casa

por el pelo rubio de la primera mujer que me dañara

por los caminos sin retorno, por los caminos que separan

por los labios de carmín, por el alcohol de madrugada

por los vasos rotos, por los ojos como dagas

por la mirada que el deseo me arranca

por los bailes de nostalgia, por el sol que se levanta

por las canciones que se graban en el alma

por el olor a campo y a hierba recién cortada

por el olor a flores y tierra recién mojada

por los ojos negros y los pechos de miel clara

por los días de lluvia, por las calles de nostalgia

por la ciudad desconocida, por la imaginación que no descansa

por los golpes de la vida, por las caídas a la nada

por las noches ya vividas y las mujeres ya amadas

por los viajes terminados y los lugares donde aún no he pisado

por las caricias que me hirieron, por las soledades obligadas.

por las cuatro esquinas rotas de la cuna de mi infancia.