Poesía
Cuando el sol se clava fuerte
en este Angelus azul de mayo,
cuando los recuerdos arrinconan la distancia
cerca de esa fuente donde nadie se refresca.
Por ahí baja el pensamiento que se fragua
por los pechos rotundos de la mujer enamorada.
Por ahí mis añoranzas y mis penas
por los dulces muslos de la mujer que ya se aleja.
Por ahí los cuadros que mis torpes manos dibujan
por la suave compañía de quién ya no me acompaña.
Por ahí se escapa el fresco néctar de mi sabia
por la grietas de la indiferencia en mi cuerpo desgarran.
Por la rosa roja, por el aire de distancia
por los azules ojos, por el cuerpo de piel blanca
por las prisiones del alma, por los hijos del mañana
por el atardecer que me separa de tu casa
por el pelo rubio de la primera mujer que me dañara
por los caminos sin retorno, por los caminos que separan
por los labios de carmín, por el alcohol de madrugada
por los vasos rotos, por los ojos como dagas
por la mirada que el deseo me arranca
por los bailes de nostalgia, por el sol que se levanta
por las canciones que se graban en el alma
por el olor a campo y a hierba recién cortada
por el olor a flores y tierra recién mojada
por los ojos negros y los pechos de miel clara
por los días de lluvia, por las calles de nostalgia
por la ciudad desconocida, por la imaginación que no descansa
por los golpes de la vida, por las caídas a la nada
por las noches ya vividas y las mujeres ya amadas
por los viajes terminados y los lugares donde aún no he pisado
por las caricias que me hirieron, por las soledades obligadas.
por las cuatro esquinas rotas de la cuna de mi infancia.
