Noche robada
Noche de vino y distancia
de veneno en la sangre,
de nostalgia.
Soledad rodeada de bullicio,
de bar en bar
de terraza en terraza
pegados a un suelo de arena
con sabor a alcohol de petaca.
Tiempos de luna llena
de nubes que pasan
pensamos en alto,
de ti a mi, de mi a ti,
complicidad de viento marino,
en los sueños que se marchan.
Tantos días, horas,
tantas tardes recordadas
cuando el sol solo era sol
cuando el agua solo agua,
pórticos de entrada
a las hiedras que se enredan
como al alma las palabras.
Y llegó la calma ansiada
el encuentro en la noche alta,
espacio que da paso
a la pasión saciada.
Largas horas de piel blanca,
de dulzura deseada
y de sueños que se alcanzan.
Cortas horas que se llevan
de un solo soplo
la frente inmaculada.
Y yo soñando con tenerte
por los altos muros que dan paso
a mi mundo de esperanzas.
Y tu diciendo que te marchas. Luego en otra noche
cuando las esquinas angulosas
ya habían rasgado tu coraza,
otra noche ya vacía,
con papeles por las calles
y bancos de madrugada,
acariciándome la cara,
me hablaste del amor
y de la sensibilidad robada,
de soledades y prisiones
de camas con escarcha,
me hablaste del pudor
y del valor de la prenda ya entregada.
Mirándome a los ojos,
con tu pelo negro,
satén de fría plata,
con tu pelo negro cayéndote a la cara,
me preguntaste cual era la esencia
que con tanto afán buscaba,
me preguntaste cual era,
en el tortuoso camino,
la etérea luz que me cegaba.
Y pasó el tiempo y seguí mirando
tus ojos de fría plata,
y pasó el tiempo
y nos cobijamos en mi coche
de una lluvia que arreciaba,
y pasó el tiempo
y yo no pude decir nada.
