Recuero el día exacto

en que te conocí. *

Tenía el alma rota

y apenas te sentí.

 

Iba pegado al suelo

porque la perra vida

me había llevado

a las alas de letargo

que no dejan volar.

 

Te descubriste poco aquella vez,

luego,

con el paso de los tiempos

hacia tu pecho de mármol me lancé.

 

Y fuiste ojos de mis ojos

luz de mis entrañas

ventana de mi túnel

calor en mis mañanas,

sonrisa de sol

en mi lúgubre habitación.

 

Pero yo destrozo

todo lo que tengo y he creado

por el miedo a otro dolor

por el miedo a otro zarpazo.

 

Durante algunos días tristes

estuvo el interior cerrado

como abrigo del silencio

que en mi se había forjado.

 

Fue luego,

en el amainar de la tormenta

en esa noche de nubes y de lobos

cuando supe del sabor de la distancia.

 

Ahora vago calle abajo

acercándome al fuego que quema

chocando con paredes que desgarran

alimentando este interior de hiena.

 

 

* Pablo Milanés