Ayer besé tu boca,

tus manos.

Un rayo de sol iluminó

los escombros del pasado.

 

A mi mente has traído

sabores de una primavera ya lejana.

Eterna canción de niño.

En aquella tarde

de trigo y amapolas

bebí el primer néctar

de lo que ayer me dio tu boca.

 

Calor que derriba soledades, muros,

que aprisionan y desgarran.

Dulce sabia que fluye

y de ti a mi elimina la distancia.

 

Enjambre de luces y colores,

olor a pozo fresco,

por aquel pasillo abrasador

me empujaste al abismo de tu cuerpo.