Aeropuerto

 

El deseo produce remordimiento,

estoy atado de pies y manos y tiemblo,

veo rostros de desidia y mi pulso se acelera.

 

Dejo atrás tiempos de sangre,

un alma rasgada por la bestia.

 

Gritos desde la profundidad marcan un destino no soñado.

 

Sacar el alma del cuerpo para observar desde fuera,

para sólo ver gusanos con uñas de cuero devorando momentos de placer.

 

No puedo parar,

sólo arrastrarme por la materia de curvas

que nacen en mi mente

y tu representas en espacios negros,

 

Abofetearme por no saber tener paz en mis recuerdos,

oír esos gritos de tortura sabiendo que soy el único que los escucha.

 

¿Cómo no sentir el humo de la hoguera creada para comer?

vomitando siempre con espasmos de lujuria.

Amante de nadie

 

Veo como mi silueta se refleja en el cristal,

mil detalles la hacen tenue,

distinta de cómo es en realidad.

 

De tantas veces que he amado no amo a nadie,

tengo el alma sosegada,

estar saciado no me hace sentir bien.

 

Destrozo las hojas porque no tengo nada que decir,

destrozo las almas porque no tengo nada que entregar,

si profundizo un poco más puede que solo saque hiel,

¿quién me limpiará después?

 

Estar podrido también es estar vivo,

enjambres de ideas adormecidas se clavan

despertando en otros momentos de más integridad,

como escuchando acordes de tardes ya vividas.

 

Voz dulce para intentar superar un momento de nostalgia,

estar triste porque ya no puedo amar.

Bar de hotel

 

Pensaba que este bar ahuyentaría mis fantasmas,

pero el tiempo pasa y no hacen más que acrecentarse.

 

La luz tenue por los rincones ofrece intimidades que deseo, por formar parte de momento que ya conozco, pero se que no se van a presentar.

 

Coger fuerzas para el largo camino,

que ni siguiera reconozco de tantas veces recorrido.

 

Y al final de nuevo sólo,

 esperando tu presencia que se no va a suceder.

 

Cuando te vi tan frágil aquella primera vez,

supe que tu inocencia me arrancaría la mala sangre,

recorriendo los mil caminos que me llevarían a tu amor.

 

Ahora, después de la tormenta gris de la tarde espesa, ahogándome en espumas que me sobrepasan,

cerrado en círculos uniformes como trazos de cerveza.

 

Es tanta la distancia que me separa de ti

que quiero volar para alcanzarte.

Es tan fresca el agua de la fuente cuando hay sed y tan caliente cuando ya se está saciado.

 

Te amo por haberme sacado del infierno de otra mirada.

 

Recorrer las calles con la lluvia acompañando cada paso,

sentir que la distancia no consigue que te pueda olvidar.

 

 

Grandes edificios me empujan a mi interior,

fluir de gentes que tienen un destino,

saber que no sé dónde voy.

 

Miradas furtivas que me conducen a ti,

y la mente que quiere perder la lucidez,

presagio de otra noche de alcohol.

 

Mirar cuadros en paredes blancas,

pasillos con plantas que parecen conducir a la tenue alcoba de mis sueños.

 

No importa que miráramos, lo importante era estar juntos.

Deseo

 

Sangre que corre,

acelerando un corazón que lucha para no estallar.

 

Pubis de luna, rojo satén que me desborda,

ya probé una vez de tu sabor, ahora no conozco otros.

 

He olido el jugo que sobreviene a tu calor y está situado en el centro de mi obsesión.

 

Imagen de rizo cortado pegado a mis pupilas,

es tu carne la que oprime mis pómulos,

es mi lengua la que hurga en tus entrañas,

son mis dedos los que se clavan en tus muslos,

ahora no puedo ser suave.

 

Forma del inicio de los tiempos,

buscando con la boca el eje que detiene tus giros,

es la última frontera que separa tu inocencia,

dudas de tu poder y acaparas el centro,

intentando absorber el poder que otorga la entrega del placer.

 

Arqueas tu espalda

y con un arrumaco de dulzura enfrentas mi violencia con los perros rabiosos que guardan la entrada profunda de tu cuerpo.

 

Mis músculos se tensan con tu imagen,

tirando del pelo levanto tu cabeza

y en cada envite clavo más mis dedos en tu piel,

intento morder tu nuca sin dejar de penetrarte.

 

Sudor de perros en pelea y gemidos como gritos salvajes,

la espina dorsal quiere estirarse fuera de mi cuerpo

y mi cara se desencaja en cada envite.

 

Exhausto, dejo caer mi cuerpo sobre tu espalda, soportas este peso con calma relajada y suavemente reposas en el lecho, no cabe más amor en mi cuerpo.

FEANDORO
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